Este fue siempre un barrio obrero, hasta que en la década del 90 se instauro la economía liberal en el país, entonces se convirtió en un barrio de desempleados. Sin entender del todo que nos estaba pasando, asistimos a la balcanización de esta sociedad, que había sido una de las mas integradas de América.
El liberalismo tuvo en este país el mismo efecto de una guerra: el desempleo paso del 8% al 40%; la pobresa subió del 5% al 50%. Apareció el hambre, un fenómeno increíble para un país que produce 10 veces la cantidad de alimento que necesita para su población. El sistema de educación y salud entraron en franca decadencia, al tiempo que el ministro de economía recomendaba a la comunidad científica dedicarse a "lavar platos". La violencia en la sociedad creció y el delito alcanzó proporciones impensadas para un país que hacia poco años se asombraba de lo inseguro que le resultaba New York.
Como en cualquier país, preferimos culpar a otros por nuestras desgracias: fue Menem, que instaló la economía liberal, y los capitalistas extranjeras que aprovecharon para saquear el país... ¿Pero no fue Menem electo, y reelecto, por una mayoría abrumadora?, ¿y no les dio la bienvenida a los saqueadores la clase media Argentina, que siempre había soñado con vivir como viven en Miami o París?
En los últimos años la tendencia decadente del país parese revertirse ligeramente, pero serían necesarios 20 años de crecimiento económico a tasas asiáticas para recuperar el nivel de vida que teníamos antes de la década liberal.
¿Al menos aprendimos algo? Yo creo que no: en las últimas elecciones legislativas triunfó el principal promotor financiero de la última elección de Menem: De Narvaez, un millonario colombiano que no puede explicar de donde salieron los últimos 100 millones de dólares que aparecen en sus cuentas, o los llamados desde su celular al principal traficante de efedrina de la Argentina para el Cartel de Juarez, en Mexico.
Nos hemos acostumbrado a ver chicos comiendo de los tachos de basura de los restaurantes chinos y gente juntando cartones frente a los mercados para vivir. Las puertas y ventanas de nuestras casa tienen ahora rejas, como las cárceles.
Por la madrugada habían asaltado el mercado de la otra cuadra. La policía , advertida, llegó de inmediato, obligando a los ladrones a escapar por los fondos de las casas vecinas, donde lograron ocultarse. La policía siguió rastreándolos por horas, sin resultados y uno de los ladrones ahora estaba escondido en mi casa.
Desde la vereda de enfrente llamé por celular a la policía, que prometió mandar un patrullero de inmediato. En el mismo instante que corté el ladrón salió de mi casa y vino hacia mi.
Realmente no estaba preparado para la situación. Era un muchacho de unos 16 años, no mas. Me rogó: "No llame a la policía por favor, por fabor, solamente me quiero ir a mi casa". Tenía la cara cubierta de sangre seca y sudor, sobre el ojo izquierdo una herida superficial pero extensa. Mas que miedo inspiraba lástima, parecía un cachorro apaleado. Mas que denunciarlo, daban ganas de esconderlo. "Bueno, le dije, andate entonces" y como si realmente hubiera necesitado mi permiso, salió corriendo calle arriba. Lo perdí de vista cuando dobló la segunda esquina. Otro muchacho paso junto a nosotros en bicicleta, a toda velocidad y giró en la misma esquina; entonces llego el patrullero y mi vecina les indicó por donde se habían ido los ladrones.
A la tarde mi mujer se cruzó con uno de los policías del patrullero. El le contó que no habían dado con los ladrones, tambien le confirmo que habían tratado de robar el mercado, pero el vigilador los sorprendió, forcejeó con ellos y lo apuñalaron en el estomago y el brazo.
Yo conozco al vigilador herido porque trabajamos juntos en un Hipermercado de la multinacional Makro, los dos estabamos en la seccion de vigilancia. Mucha gente del barrio consiguió trabajo ahí, ese había sido uno de los argumentos para autorizar su radicación, pero después de fundir a todos los pequeños comercios de la zona y conseguir una porción importante del mercado mayorista, hecharon a casi todos los empleados, incluidos nosotros.
Pienso en ese muchacho y tengo la misma sensación de vida desperdiciada que tengo cuando veo gente juntando cartones o comiendo de los tachos de basura. Este es un país rico, nadie debería dejar de tener la oportunidad de una vida buena.
Este debería ser un país mas justo con su gente. Lo peor de todo es que lo fue, y nosotros no supimos valorarlo ni cuidarlo.








