No señora , no insista, esto no es un "Centro de asistencia al suicida", y además en esos centros no le brindan ayuda para suicidarse, todo lo contrario: tratan por todos los medios de disuadirla... ¿Como dice... ?, ¿por que entonces no se llaman "Centro de asistencia al que no quiere suicidarse"... ?
No lo se, la verdad es que nunca lo había pensado...

viernes 23 de octubre de 2009

UN LADRON EN MI CASA


Vivo en uno de los barrios mas excentricos de la ciudad de Mar Del Plata; quiero decir que es uno de los mas alejados del centro. Hasta no hace mucho, con mi barrio terminaba la ciudad, vivíamos en las orillas, si caminabas 3 calles estaba en pleno campo, con vacas, trigales y todo.

Este fue siempre un barrio obrero, hasta que en la década del 90 se instauro la economía liberal en el país, entonces se convirtió en un barrio de desempleados. Sin entender del todo que nos estaba pasando, asistimos a la balcanización de esta sociedad, que había sido una de las mas integradas de América.

El liberalismo tuvo en este país el mismo efecto de una guerra: el desempleo paso del 8% al 40%; la pobresa subió del 5% al 50%. Apareció el hambre, un fenómeno increíble para un país que produce 10 veces la cantidad de alimento que necesita para su población. El sistema de educación y salud entraron en franca decadencia, al tiempo que el ministro de economía recomendaba a la comunidad científica dedicarse a "lavar platos". La violencia en la sociedad creció y el delito alcanzó proporciones impensadas para un país que hacia poco años se asombraba de lo inseguro que le resultaba New York.

Como en cualquier país, preferimos culpar a otros por nuestras desgracias: fue Menem, que instaló la economía liberal, y los capitalistas extranjeras que aprovecharon para saquear el país... ¿Pero no fue Menem electo, y reelecto, por una mayoría abrumadora?, ¿y no les dio la bienvenida a los saqueadores la clase media Argentina, que siempre había soñado con vivir como viven  en Miami o París?

En los últimos años la tendencia decadente del país parese revertirse ligeramente, pero serían necesarios 20 años de crecimiento económico a tasas asiáticas para recuperar el nivel de vida que teníamos antes de la década liberal.

¿Al menos aprendimos algo? Yo creo que no: en las últimas elecciones legislativas triunfó el principal promotor financiero de la última elección de Menem: De Narvaez, un millonario colombiano que no puede explicar de donde salieron los últimos 100 millones de dólares que aparecen en sus cuentas, o los llamados desde su celular al principal traficante de efedrina de la Argentina para el Cartel de Juarez, en Mexico.

Nos hemos acostumbrado a ver chicos comiendo de los tachos de basura de los restaurantes chinos y gente juntando cartones frente a los mercados para vivir. Las puertas y ventanas de nuestras casa tienen ahora rejas, como las cárceles.


 
El lunes pasado salí temprano de casa. No había hecho media cuadra, cuando mi mujer me pidió a los gritos que volviera. Pensé que había olvidado algo, pero no; resultó que una vecina le había advertido que un hombre había saltado la verja y se había escondido en nuestro patio.

Por la madrugada habían asaltado el mercado de la otra cuadra. La policía , advertida, llegó de inmediato, obligando a los ladrones a escapar por los fondos de las casas vecinas, donde lograron ocultarse. La policía siguió rastreándolos por horas, sin resultados y uno de los ladrones ahora estaba escondido en mi casa.

Desde la vereda de enfrente llamé por celular a la policía, que prometió mandar un patrullero de inmediato. En el mismo instante que corté el ladrón salió de mi casa y vino hacia mi.

Realmente no estaba preparado para la situación. Era un muchacho de unos 16 años, no mas. Me rogó: "No llame a la policía por favor, por fabor, solamente me quiero ir a mi casa". Tenía la cara cubierta de sangre seca y sudor, sobre el ojo izquierdo una herida superficial pero extensa. Mas que miedo inspiraba lástima, parecía un cachorro apaleado. Mas que denunciarlo, daban ganas de esconderlo. "Bueno, le dije, andate entonces" y como si realmente hubiera necesitado mi permiso, salió corriendo calle arriba. Lo perdí de vista cuando dobló la segunda esquina. Otro muchacho paso junto a nosotros en bicicleta, a toda velocidad y giró en la misma esquina; entonces llego el patrullero y mi vecina les indicó por donde se habían ido los ladrones.

A la tarde mi mujer se cruzó con uno de los policías del patrullero. El le contó que no habían dado con los ladrones, tambien le confirmo que habían tratado de robar el mercado, pero el vigilador los sorprendió, forcejeó con ellos y lo apuñalaron en el estomago y el brazo.

Yo conozco al vigilador herido porque trabajamos juntos en un Hipermercado de la multinacional Makro, los dos estabamos en la seccion de vigilancia. Mucha gente del barrio consiguió trabajo ahí, ese había sido uno de los argumentos para autorizar su radicación, pero después de fundir a todos los pequeños comercios de la zona y conseguir una porción importante del mercado mayorista, hecharon a casi todos los empleados, incluidos nosotros.

Pienso en ese muchacho y tengo la misma sensación de vida desperdiciada que tengo cuando veo gente juntando cartones o comiendo de los tachos de basura. Este es un país rico, nadie debería dejar de tener la oportunidad de una vida buena.
Este debería ser un país mas justo con su gente. Lo peor de todo es que lo fue, y nosotros no supimos valorarlo ni cuidarlo.

jueves 8 de octubre de 2009

"ya me muero y vendo mis libros"

"Desde hace un tiempo, me preocupa el destino que le tocará a mi biblioteca cuando yo muera."

Compramos todas las cosas que consumimos teniendo en cuenta que su vida útil será efímera, que el desgaste, el avance tecnológico o la moda, las dejaran obsoletas en un tiempo que es cada vez mas corto. En cambio los libros los compramos pensando en que estarán con nosotros para siempre.

No hay nada mas personal que una biblioteca, ya sean 100 libros o 10.000, sean libros excepcionales o comunes, la elección de cada volumen marca un punto particular en la historia de lo que somos y las circunstancias en las que nos movemos; por eso cada biblioteca es excepcional, por eso no hay dos iguales: porque cada uno de nosotros es a su manera excepcional. Las combinaciones posibles de libros son limitadas y sin embargo, no hay dos personas que repitan las mismas elecciones que formaran una biblioteca.

La biblioteca no es un montón de libros acomodados en una estantería, tiene un alma que te representa del todo, es tu retrato mas fiel. Ahí están tus obsesiones éticas, estéticas y metafísicasa, la búsqueda de respuestas en los pequeños tesoros conseguidos en mesas de saldo, las prosperidades momentáneas que te permitieron comprar libros caros, los libros prohibidos con sus tapas falsas; hasta las ausencias: libros que nunca pudiste conseguir, libros que prestaste y no te devolvieron, alguna novia resentida que se vengo secuestrando un volúmen indefenso.

Cuando vas a una librería de usados y ves un pila de libros sobre el mostrador, ves la biblioteca de alguien y adivinas que algo muy grave debió pasar, casi siempre es la muerte y el inmediato deseo de los deudos de deshacerse lo antes posible del recuerdo y hacer espacio para otro televisor. Lo peor es cuando reconoces los libros y así te enteras que alguien que conociste se murió.

Mi biblioteca es pobre, son unos 1000 libros, casi todos conseguidos en librerías de viejo y casas de empeño. Los pocos libros nuevos que tengo fueron un regalo de mi amigo Germán, que vive en España, entre ellos un DICCIONARIO DE FILOSOFÍA de Ferrater Mora en 4 tomos. También tengo una OBRA COMPLETA en 12 tomos de Anatole France, que Whalter, muy generosamente, me canjeó por un trabajo de electricidad. Y tengo un libro mágico, en el sentido menos metafórico de la palabra, EL MARINERO QUE PERDIÓ LA GRACIA DEL MAR de Yukio Mishima.

Un día me moriré, ¿para que disimularlo?, cuando al fin suceda, y todo lo sólido que hay en mi se disuelva en el aire, si va a quedar algo de lo que yo soy, eso es mi biblioteca, no en cada libro en particular, sino en su en su particular selección.

Desde hace un tiempo me preocupa que pasara con mi biblioteca cuando yo muera, realmente me molesta la idea de saber que irá a parar a una mesa de saldos en una librería de usados. No me preocupa tanto quien se los quede, sino que se los separe y vallan a dar a multitud de destinos, como reflejo, en otro plano, de la disolución de mi yo.

El jueves próximo pasado me encontré con un curioso aviso clasificado, en un semanario especializado en ventas de todo tipo de cosas usadas, incluso libros. Comenzaba listando algunos autores y seguía así: "... tengo 84 años, biólogo, ya me muero y vendo mis libros, 120 en total. Víctor".

Alguno de los autores listados me interesaban, pero mas me interesaba saber como el hombre había tomado la decisión de vender sus libros al saber que moriría.... ¿y que otras previsiones se toman cuando sabes que vas a morir?

La noticia de nuestra muerte puede ser una condena angustiante o una oportunidad para poner en orden nuestras cosas: perdonar, pedir perdón, aclarar malos entendidos. Los cristianos puedes ajustar cuentas con su dios y arrepentirse de sus pecados para asegurarse que no los pueda condenar al infierno tan temido.
También es una oportunidad para detenerse en detalles mas patético, por ejemplo: pensar cuales serán nuestras últimas palabras.
En su lecho final Nikos Kazansaquis dijo: "No espero nada. No temo nada. Soy libre". Muy epicúreo, me parece.
Algunos amigos que acompañaban a Marx en su lecho de muerte le pidieron unas ultimas palabras para los trabajadores del mundo. "Escribí toda mi vida.- dijo el filósofo- Acabo de entregar a la imprenta dos sólidos volúmenes, si algo tenía para decir me parece que con eso basta"

Sócrates enseñaba que la filosofía es una forma de aprender a morir, entonces no carecía de cierta lógica que, como estudiante de filosofía, me entrevistara con alguien que estaba a punto de conocer la repuesta a la última pregunta de la existencia humana, empezando por saber si realmente había una respuesta. (1)
Lo cierto es que el aviso llamo mucho mi atención. Después de pensarlo un rato llamé al autor y quedé en pasar al día siguiente.

La casa de Don Víctor está en un bonito barrio cercano al puerto. Tiene un frente protegido por altas rejas blancas sostenidas por gruesos caños de hierro, a manera de columnas. Junto a la entrada hay un tornillo rojo de regular tamaño atado a una correa que sirve para llamar golpeándolo, a manera de badajo, contra el caño mas próximo, que hace las veces de campana tubular.

Don Víctor resultó ser una persona educada y por demas amable en sus modos.
La biblioteca no era tal cosa, solo un centenar de libros apilados sobre una mesa, sin orden ni coherencia, un puro azar sin alma.
Elegí una decena de libros, pero él no quiso vendérmelos por separado. Le dije que hacía bien, porque sin ellos el resto del lote se desvalorizaba. Le recomendé que se los ofreciera a Whalter Dotti, el librero que mas sabe en Mar Del Plata, y el mas honesto, le dije que que nadie le daría un mejor precio.

Sobre la vida y la muerte no me atreví a preguntarle nada. Don Víctor hablaba todo el tiempo con su esposa, una dama encantadora, sobre trámites, cancelaciones, seguros y un sin número de instancias administrativas que debía cumplir para no dejar a su familia en un pantano legal. Ni una sola palabra grave ante la última frontera.
La sociedad contemporánea no reconoce nada sagrado, ni siquiera nuestra muerte. El momento más dramático de la existencia humana se ha transformado en una sucesión de interminables instancias burocráticas, que poco se diferencian de los trámites después de un choque de autos.

Deje la casa de Don Víctor sin libros y sin respuestas, y me fui a buscar un colectivo que me dejara en el centro.


Después de caminar unas cuadras pase por un modesto comercio de cosas usadas. Había unas mesas improvisadas con tablones y caballetes; y sobre ellas, una heterogéneo colección de electrodomésticos, pequeños muebles, herramientas, ropa, etc; todo en bastante pobre estado. Se me ocurrió preguntar si vendían libros y el hombre que atendía me mostró un viejo mueble lleno, habría unos 300, en diversos estados de conservación, la mayoría estropeados por la humedad y las polillas.

Entre el montón de libros había uno lujosamente encuadernado en cuero, un informe sobre la agricultura del sudeste norteamericano en el siglo XIX, profusamente ilustrado y con varios mapas desplegables, editado en Whashinton, en 1877. Sin saber mucho de libros me pareció que podía tener algún valor extra, así que le aconsejé buscar información en Internet antes de venderlo.

Después de revisar todos los volúmenes, elegí 30 y le ofrecí los 100 pesos (26 dolares) que llevaba encima. No quería gastar y en cierta forma esperaba que me dijera no. Pero aceptó y me fui a buscar la parada del colectivo, muy contento, con mi mochila y una bolsa de plástico llenas de libros.

El origen de estos libros es un misterio para mi, y sin embargo, entre los que escogí, había cierta coherencia de estilo, no había nada de accidental en su reunión, era fácil entrever un lector interesado en las formas complejas y el preciosismo, ajeno a la política y los conflictos, todo un conciliador. Había un alma tras la sucesión, había una biblioteca.

Me pregunto de quien habrá sido el alma que compré, ¿quien habrá reunido esta biblioteca?, ¿le preocuparía hacia el final el destino de sus libros?, ¿Hallaría algún consuelo sabiendo que se salvaron de la dispersión, al menos por un tiempo?

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(1) "Es cierto, por consiguiente, Simmias, que los verdaderos filósofos se ejercitan para la muerte, y que esta no les parece de ninguna manera terrible." Platon, FEDON.

sábado 19 de septiembre de 2009

Empleado del mes.

En castellano clásico, la palabra alcahuete nombra a quien se ocupa de facilitar los encuentros venéreos, tanto sea por vocación como persiguiendo un rédito económico. La celestina, de Fernando de Rojas, era una alcahueta y Juntacadaveres, personaje del Uruguayo Carlos Onetti, tenia el mismo oficio.

En el lenguaje de los argentinos, un alcahuete es un empleado que se ocupa de contar a escondidas al patrón, que piensan sus compañeros de trabajo, denunciar al que trabaja sin el suficiente entusiasmo y sugerir a quien despedir para mejorar el nivel de producción. Estas tareas se llevan acabo al tiempo que se inventan halagos desmesurados para el patrón. Por extensión, se considera un alcahuete al que halaga al poder, espía o denuncia en cualquier situación. También suele usarse la palabra lameculos para hablar de estos individuos y su actitud es siempre condenada por la gente honesta.

Mas modernamente, y tal vez con mejor gusto, se suele llamar al alcahuete "Empleado del mes", en alusión a quienes aparecen en el cuadro de honor de la cadena de hamburguesas yanqui Mac Donald, circunstancia en la que se considera un honor lo que antes era una vergüenza.

Por estos días, se debate en la Argentina el cambio de la ley de medios de radiodifusión impuesta por la sangrienta dictadura, que asaltó el poder en 1976. El principal oponente al cambio de la ley es el Oligopólio mediático encabezado por el diario Clarín, que creció al calor de la dictadura y logro consolidar su posición dominante en los gobiernos democráticos que la sucedieron y que no pudieron cambiar la ley.

En el congreso, la derecha a defendido la posición del oligopólio Clarín, pero tratando de no quedar como los defensores de una ley dictatorial, en particular la Unión Cívica Radical, de larga tradición republicana.

A pesar de que el Partido Peronista , que impulsa la ley, a perdido apoyo de la ciudadanía a su gestión de gobierno, la derecha no ha logrado detener el avance de una reforma con gran consenso social.

La ley propuesta incluye una clausula que obligaría al Grupo Clarín a desprenderse de las licencia que le permiten una posición dominante del mercado en el plazo de un año.
Ante la imposibilidad de evitar la reforma, el diputado radical Oscar Aguad tuvo el descaro de proponerle, durante un debate televisivo, al jefe de la bancada peronista negociar el mantenimiento de los privilegios del grupo Clarín, a cambio de aprobar la ley; fueron sus palabras: "quitamos este artículo y la ley sale en una semana".

Los ciudadanos votamos a nuestros representantes para que defiendan el interés común, no se les confiere un privilegio sino una responsabilidad. A veces les es difícil estar a la altura del trabajo que deben hacer y es comprensible porque todos tenemos nuestras limitaciones; pero cuando vemos a algunos defender descaradamente los privilegios de una empresa a costa de traicionar el interés de todos, es difícil no sentirse traicionado.

Hoy quisiera proponer el reconocimiento al empleado del mes al diputado radical Oscar Aguad.


Foto1: Oscar Aguad


Foto2:
Ernestina de Noble, dueña de Clarin, festeja con el sangriento dictador Videla el traspaso de Papel Prensa, los anteriores dueños habian cedido sus acciones al gobierno despues de ser detenidos y torturados en el campo de concentracion Pozo de Banfield. Se sospecha que ademas el dictador le regalo dos niños robados a sus verdaderos padres, hoy desaparecidos.

foto3: Ultimo intento de Aguad por convenser a Rossi.